La Calle de Los Pasos

"La Calle de Los Pasos"


Para Omar Calvillo La Calle de Los Pasos es un camino trazado con expiaciones, apisonado por peregrinos y pavimentado con piedras, es un hilo conductor que va desde el Templo de San Francisco hasta el Calvario, es un transitar entre capillas y ermitas, entre la quietud y el frescor de adobes agraviados por sismos, vetustas puertas, herrumbrados barrotes, alguno que otro parroquiano que curioso se asoma a la ventana y charcas que reflejan su letargo e irreverencia al paso del tiempo.

“La Calle de Los Pasos” Sepias de Guatemala, es la muestra que expone el pintor guatemalteco Omar Calvillo, conformada por doce piezas pintadas con aguada de tinta china en color sepia sobre papel la cual está impregnada de emotividad ya que para el pintor la Ciudad de La Antigua Guatemala reviste una peculiar relevancia siendo ésta un motor vocacional para su formación como arquitecto, así mismo representa la concretización de una aspiración: Exponer algo de la esencia de tan magna ciudad filtrada a través de su nostálgica percepción artística.

Sepias de Guatemala surge en forma experimental durante la formación universitaria del pintor, la tinta china era su recurso mas inmediato del cual disponía para poder pintar ya que con ella recargaba sus instrumentos de dibujo, es así cómo emprende un camino de aprendizaje sobre la marcha develando de a poco todos los secretos que le iba mostrando ésta técnica.







Las Indulgencias de "La Luz protectora"

Hacer un recorrido por esta tricentaria calle es aproximarse a la historia de nuestra Ciudad escrita con piedras, adobe y hierro. Es hablar de devoción, de urbanismo, de arte, de manifestaciones culturales y religiosas que se han quedado impregnadas en los muros y los empedrados junto con el incienso de los días grandes y con los aguaceros del fin del estío.


Segunda Estación: De frente al ocaso.

“La Calle de Los Pasos” conjuga en sus más de mil metros de longitud, todas las expresiones que han convertido a La Antigua Guatemala en una ciudad única, en un paraíso de formas, texturas y estilos. Desde la Capilla-Hornacina de Nuestra Señora de la Luz, colocada en tiempos del primer arzobispo de Guatemala Fray Pedro Pardo de Figueroa, hasta la hermosa valva expuesta de la fachada de la Ermita del Calvario, recorrer esta calle es una experiencia inolvidable.


"Gratia Plena" y las escoltas salomónicas.

Dominada en su inicio por la majestuosidad del templo de los franciscanos,La Calle de Los Pasos” se abre a partir de las capillas posas del atrio seráfico, convertidas después en las capillas de la segunda y tercera estación del Santo Viacrucis.


Entre ventanas y barrotes.

La referencia de los 1352 pasos que Cristo caminó hacia el Monte Calvario a partir de la fortaleza Antonia y, el vínculo de la orden de San Francisco de Asís con la Tierra Santa, hacen que no sea una casualidad que en este lugar se inicie el camino hacia El Calvario.


Los golpes del tiempo.

Por tradición oral se ha vinculado esta calle a la existencia del Santo Hermano Pedro de San José de Betancourth, quién murió en 1667, 24 años antes de que las capillas se inauguraran oficialmente, sin embargo se sabe que ya desde mucho antes, quizás a principios del siglo XVII ya estaban marcadas las estaciones con cruces de madera.


El secreto de una charca.

En el trazo de 1543, la Ciudad comprendía 42 manzanas, siendo sus limites al norte la Alameda de Santa Rosa, al oriente la Concepción, al poniente Santa Lucía y al sur San Francisco. Hasta entrado el siglo XVII la Ciudad crece, especialmente hacia el sur permitiendo el desarrollo urbano de la que hoy en día es “La Calle de Los Pasos”.


Séptima Estación: La capilla de los neredianos.

La llegada de la orden de San Felipe de Neri, en el tercer cuarto del siglo XVII y su asentamiento en el antiguo templo de la Veracruz, fue haciendo de la Calle de los Pasos un eje que pronto unió el conjunto franciscano, la Escuela de Cristo, la antiquísima Parroquia de los Remedios y la Alameda del Calvario, llenando de vida y dinamismo el eje de la salida de la Ciudad hacia el Sur.


Mientras tanto... miran la vida pasar.

La Alameda del Calvario, fresca y agradable, decorada con la esplendida pila de campo y sus estaciones al lado oriente, albergó por varios años las tertulias y descansos de las familias de la Muy Noble y Muy Leal Santiago de los Caballeros, hasta 1773 cuando los terremotos obligaron a la Ciudad a dormir por algunos años.


Octava Estación: A la vega del Pensativo.

En el siglo XIX, especialmente durante el gobierno del corregidor José María Palomo, La Antigua volvió a respirar aquellos días de lozanía y frescor, ahora convertida en la Pompeya del Trópico, pero llena de vida y deseos de seguir latiendo. Las tradiciones fueron completamente reactivadas, en las Capillas de los Pasos se veneraron nuevamente las Estaciones del Viacrucis, en algunas aún se conservaban imágenes de gran belleza, como el nazareno que se venera hoy en San Francisco el Grande.


La señora "Remedios".

Con ocasión del cuarto centenario de la Ciudad las capillas fueron restauradas, permitiendo que con un aire renacentista, formen parte hasta el día de hoy del imaginario que refleja el universo de sentimientos que anidan en sus cúpulas y cruces.


Décima Estación: El abrazo de los árboles.

Inmersos en su mística, la madrugada del Viernes de Dolores hay que recorrerla con el Viacrucis de San Francisco. La tarde de Viernes Santo con la Escuela de Cristo, la calle se convierte en una Jerusalén que ve volver el cadáver de Cristo colocado en diáfana urna… O sencillamente, entrar a una de sus tiendas en una tarde lluviosa y degustar un higo en conserva, viendo el aguar deslizarse por los aleros para caer con sutil gracia saltarina y bruñir la piedra de las calles.


Conjura crepuscular.

La Calle de los Pasos nos habla con cada imagen, en una vista a su eterno pasado en el inmenso presente…